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viernes, 7 de agosto de 2015

MÉRIDA NO ES LO QUE ERA






Multitud de extremeños somos adictos a las representaciones en el Teatro Romano de Mérida, afición que, al parecer, compartimos con personas de diferentes pueblos de España que, como mariposas a la luz, acudimos cada año a Mérida para ver buen teatro y llenar las cáveas romanas.
Cada año me digo que será el último al que asisto. Y al año siguiente vuelvo a infringir mi promesa y acudo a ver alguna obra. Y de nuevo salgo decepcionada. Las comparo con las puestas en escena de hace muchos años y no hay color. La crisis ha llegado a los diferentes escenarios de nuestra vida y, cómo no, parece que también a los presupuestos del Teatro Romano de Mérida.
Antes asistíamos a obras grandiosas, con multitud de actores, con un lujoso vestuario, espléndidos coros, coreografías magníficas, y artilugios que aparecían por arte de birlibirloque, bien en el escenario o volando por todo el coso, para deleite y admiración del público. Pero toda esa grandilocuencia se acabó. Ahora se representan adaptaciones en versión moderna --unas muy logradas y algún que otro bodrio--, con escasez de actores, decorados mínimos y vestuario de nuestra época. Y, personalmente no me gusta. También escuché varios comentarios del público en ese sentido. Si voy a ver Fedra, Medea, Antígona, Ifigenia, Edipo Rey, etc, quiero ver la obra de los clásicos y con vestuarios de aquella época. Porque el soberbio marco lo requiere y porque, para representarlo así, pueden hacerlo en cualquier teatro de cualquier ciudad, pero no en Mérida. Creo que ella y su teatro se merecen mucho más.

Por poner un ejemplo, en la obra César & Cleopatra, una obra psicoanalítica, sin entrar en la crítica a la obra ni a los actores, para eso están los críticos teatrales, ocurrió cuanto he expuesto, con la paradoja de lo gracioso que es leer en la ficha técnica que los zapatos de Ángela Molina eran de Manolo Blahnik . Cuando, o yo estoy ciega o la actriz iba descalza durante toda la obra. Quizás es que los zapatos se los dejó entre bambalinas. ¡Qué ironía!

jueves, 19 de febrero de 2015

LA PIRÁMIDE DE ENERO (O CÁSCARA AMARGA)




Y la llamo la pirámide porque cuesta se me antoja poca cosa. Me refiero a la antigua cuesta de enero, cuando la gente –la mayoría− tenía su trabajo y cuando llegaba diciembre cobraba la paga extraordinaria. Y como recibía −sobre mediados de mes−,  lo correspondiente a la última mensualidad del año más la extraordinaria, tenía para los gastos de turrones, cenas, regalos de papá Noel y Reyes, pero no recibía ni un euro hasta finales de enero. De ahí que le costara Dios y ayuda terminar el mes llevando a cuestas los gastos excepcionales.
Pero desde hace unos años, como millones de españoles engrosan la lista del paro, no sólo no tienen para subir la antigua cuesta de enero sino que ahora deben escalar una pirámide egipcia, la más alta, sin medios muchos de ellos, ni una triste soga para escalar. Claro que no deben preocuparse porque, si tienen la suerte de obtener un trabajo precario, verán incrementado su importe en 3 € y pico al mes, o sea, que tienen de sobra para sacar adelante a la familia. También están los que no encuentran trabajo pero que, afortunada  –o necesariamente− viven de comer la sopa boba en casa de los padres, que ahora podrán mantenerlos mucho mejor porque su pensión se ha revalorizado en 0,25 % (1,50 € en una pensión 600).
Como verán, la gente se queja de vicio. Si protestan, les dirán que ahí están muchas tierras pusías, que no sean escrupulosos y doblen el lomo. O acepten un trabajo por 300 € al mes, que menos da una piedra. Es que el obrero se ha vuelto muy exigente, cree tener derecho a una casa, a un trabajo, a un sueldo, a una educación gratis y de calidad para sus hijos, a una sanidad digna. ¿De dónde lo va a sacar el Estado? Esta gente obrera no sabe que el Gobierno debe tapar los agujeros de Bankia, pedir crédito al Banco Central Europeo para dárselo a los bancos porque los pobres banqueros lo necesitan. Y claro, no pueden dejar de ganar tantos beneficios ni apretarse el cinturón y dejar de gozar de sus privilegios y lujos.
 No como el obrero que no sabe lo que es eso y puede conformarse con un plato de sopa salida de la pensión de los abuelos.
             
                                                                                   ROSA LÓPEZ CASERO


PUBLICADO EN EL PERIÓDICO DIGITAL TTN EN ENERO 2015          

sábado, 24 de enero de 2015

IN MEMORIAM

TEXTO QUE HE LEÍDO ESTA MAÑANA EN EL FUNERAL DE UN AMIGO: FRANCISCO TRINIDAD. HA SIDO MI PARTICULAR HOMENAJE.

                           IN MEMORIAM

Hoy la pena nos embarga a todos los que conocimos a Paco.
Nos quedaremos con el recuerdo de sus cosas buenas, su vitalidad y tesón, su laboriosidad, su cultura, podía disertar sobre cualquier tema porque, aunque era un hombre que se había hecho a sí mismo, logró ser un hombre culto, amable, un empresario triunfador en todo cuanto se proponía.
Los amigos se reúnen por muchos motivos: una cena, una celebración, en una peña en San Juan, en una boda… y por motivos luctuosos, como este.
Paco: ya las tardes de nuestros Sanjuanes no serán lo mismo sin ti. Tu ausencia estará presente en nuestras reuniones de amigos. Y todo el mundo te recordará como el esposo, el padre, el abuelo entrañable, el amigo, el familiar, el deportista, el informático, el erudito. Se te recordará por tantas cosas…
Te fuiste al amanecer, lejos, muy lejos, por eso estamos aquí los que te conocimos y apreciábamos, para decirte adiós en este viaje que has decidido emprender solo, dejándonos el amargo sabor de tu pérdida.
Por la cuadrada plaza de Salamanca ya no resonará el eco de tus pasos, pero sí resonará en nuestro corazón el eco de tu vozarrón, tan característico.
Aunque ya no estés entre nosotros, tu recuerdo seguirá vivo en cada persona que te haya conocido.
Si el Cid Campeador luchó con la espada, tú has luchado como nadie contra la enfermedad, y le ganaste muchas batallas.
Paco: ¿Por qué nos has hecho esta faena?¿Por qué eres el causante de que estemos hoy aquí reunidos para despedirte?
Cuando lleguemos, tú estarás esperándonos porque el péndulo de nuestra vida aún no ha dejado de danzar.
Sin embargo, la tierra húmeda sembrada de grandes lirios blancos no te atrapará; has decidido volar, esparcirte con el viento acallado, más allá de la vida.
Pero esta vida es tan corta… Por eso no es un adiós para siempre, sino hasta pronto.

Y quiero terminar con los versos de Alberto Cortez:

Cuando un amigo se va
Queda un espacio vacío
Que no lo puede llenar
La llegada de otro amigo.

 Rosa López Casero

 Coria, 24 de enero de 2015

martes, 9 de diciembre de 2014

LA ENCAMISÁ ENTRE LA BRUMA

La Encamisá es la fiesta más importante de Torrejoncillo, la fiesta por excelencia, declarada de interés turístico nacional.

Por primera vez, el digital TTN ha sacado un periódico en papel el 6 de diciembre, día de la ofrenda, y me pidieron que escribirá un artículo para estas fiestas que acaban hoy. Os lo dejo en mi blog.                                        



 LA ENCAMISÁ ENTRE LA BRUMA

Como siempre, un manto de bruma envuelve la noche del 7 de diciembre, y las grandes hogueras desafían al frío. Ese día todos miramos el cielo plomizo por si anuncia lluvia, lo que no impedirá que salga la procesión.
       Ya a finales de noviembre abrimos el baúl de nuestra mente para desempolvar el frasco de los vivas, la caja de las emociones, la bolsita de amor a la Virgen: se acercan las novenas, la fiesta de la Pura, y nuestra entrañable Encamisá.
       Desde tiempo inmemorial, los torrejoncillanos hemos echado vivas hasta quedarnos roncos, vivas que encierran sentimientos y tradición, valores de nuestra tierra, y que cada año nos parecen nuevos. Nadie que no sea torrejoncillano puede comprender la emoción que se siente cuando unos jinetes ensabanados, con el farol en una mano y volcándose con la otra, nos animan a echar más vivas, con elogios a la Inmaculada Concepción. Los rostros de los encamisados resplandecen bajo la luz de los faroles. Horas antes, el atrio de la iglesia hierve de corazones fervorosos para ver de cerca la salida del estandarte que, portado con orgullo, se abre paso hasta depositarlo en manos del capitán de la tropa hasta la madrugada: el mayordomo. A las diez en punto de la noche comienza la batalla. Sólo que esta no será cruenta sino un simulacro de aquella, y en agradecimiento a la Virgen por haber vencido en la batalla contra los franceses. El capitán-mayordomo, que empuña el estandarte como el más preciado tesoro, guía a su tropa ayudado por el estandarte de la Virgen y sus dos lugartenientes, seguidos por los jinetes y arropados por la gran muchedumbre. Todo Torrejoncillo vive en la calle esa noche, todos cantan y echan vivas al paso del estandarte, y sueltan alguna lágrima pidiendo para sus adentros que la Virgen le conceda sus peticiones. Y avanzamos encogidos con la cabeza baja, el cuello del abrigo levantado y la cara envuelta en la bufanda, para ver de nuevo el paso del estandarte desde otra atalaya. Y nuestros pies ateridos buscan consuelo en la cercanía de las joritañas, que  dan un toque de magia a esa noche.
       De nuevo frente al atrio, a esperar la llegada de la procesión para volver a vitorear el paso del pendón que regresa y da vuelta a la plaza, majestuoso, hasta dirigirse hacia la puerta de nuestra magnífica iglesia. Del cañón de miles de escopetas sale un lenguaje sordo, estridente: es la manera de honrar a María, hasta que su silueta se pierde en el templo.
       Quedan las ultimas brasas mortecinas en las calles, borrajos para el brasero, y el aire impregnado del eco lejano de las canciones y lores a la Virgen.
             El 7 de diciembre, los torrejoncillanos son un solo cuerpo, una sola voz, se sienten purificados… Y cuando pase la Pura, volveremos a guardar, en lo más recóndito del baúl de nuestra mente, todo lo que desempolvamos en la noche de la Encamisá.
                                                                   
                                                                                Rosa López Casero

PUBLICADO EN TTN (EDICIÓN EN PAPEL)